Los gallegos somos muy propensos a padecer de morriña. Palabra que pensaba que pertenecía a nuestro rico idioma, pero que la RAE ya recoge como “Tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal”.
 
Pues esto es lo que sentí en nuestro último viaje a las Canarias. Fue un sentimiento que arraigo en mi pecho cuando me enteré de que estaba lloviendo y que todos los musgos recuperaban algo de color al saciar la sed producida por la larga sequía.
 
Así que ni corto ni perezoso me planté en el observatorio del Teide Estaba de guardia de seguridad un chico de la zona de Ézaro, de técnica del telescopio una chica de cerca de Viveiro y de especialista en procesado de imagen otra chica de cerca de Vimianzo. Así que me planté con una botella de Ribeiro y otra de Alvariño en una mano y una caja de 1906 en la otra y les pedí que dejaran de mirar chorradas astronómicas y apuntaran a la zona del sur de Galicia.
 
Y así pudimos hacer esta foto en la Ribeira Sacra. El primer plano sale algo desenfocado, cosas de la escasa profundidad de campo de un telescopio gordo. Ya les dije que lo miraran, que para algunas cosas puede ser un objetivo majo. También vimos los viñedos vestidos con sus mejores galas, lo que nos animó a pedir una caja de vino de esa zona para el día siguiente por MRW. Pero esa ya es otra historia.
 
Y si habéis leído hasta aquí, como siempre gracias por vuestra paciencia en el día de los Santos Inocentes en España y ¡FELIZ AÑO para toda la humanidad! ¡Un abrazo enorme!
 
La verdad es un 105 macro a f/3,3 con filtro polarizador (pero no se lo digáis a nadie…)